viernes, 12 de abril de 2013

Palabras del Párroco




Queridos feligreses:



La Pascua es lo más grande de nuestra fe.

Estamos en la Pascua, la Pascua Florida. Llegó con el Domingo de Resurrección.
Los vacacionistas regresaron..... otros lamentablemente no volverán. Salieron felices y animosos pero ya no hubo regreso. Los recordamos y pedimos por ellos.
La Pascua es el Misterio más grande de nuestra fe. Cristo ha resucitado y la Muerte quedó vencida porque su Resurrección la mató. San Agustín nos dice: - "Mediante su Pasión, Cristo pasó de la muerte a la vida. La Pascua es el paso del Señor".
Ya dejamos atrás los días de Pasión y muerte. Seguiremos venerando la cruz que fue el medio que nos hizo cruzar a la otra orilla de luz y de vida eterna. Sin cruz.... no se llega. No se alcanza la resurrección. ¡Cristo resucitó y su tumba quedó vacía!


Volvemos a los días de trabajo, a la rutina... ¿qué ha dejado este paso de Dios en nuestras almas? ¿Podemos decir que nuestra Pascua ha sido "hacia adentro", que hemos sentido que el Señor ha pasado y ha dejado alguna huella de su resurrección en nuestra vida?
Jesús realiza la Pascua. Jesús pasa al Padre. ¿Es solo El quien pasa de este mundo al Padre? ¿Y nosotros ?...
Dios es Omnipotente y puede hacerlo Todo, pero... "no puede" obligarnos a tener un corazón arrepentido. Nos deja en libertad para amarlo o para ofenderlo, para querer estar unidos a El o para olvidarlo y esa libertad es tan traicionera que nos puede DAR o QUITAR el derecho a nuestra propia y gloriosa resurrección. Porque resucitar eso si, lo haremos todos. Ya que así lo decimos y creemos en nuestro Credo - creo en la resurrección de los muertos.
Lo que hemos vivido estos días no puede pasar sin dejarnos algo, sin dejarnos una huella en el alma, ahora que proseguimos el camino de nuestro quehacer de siempre.
Cristo resucitó y los apóstoles, uno a uno, dieron su vida por esta VERDAD que deslumbra.
Pedro comió y bebió con Jesús después de su Resurrección, Tomás metió sus dedos en las llagas del Cristo resucitado y Pablo nos recuerda que si hemos resucitado con Cristo por el Bautismo, debemos de vivir la nueva vida en espera de su regreso y tenemos el compromiso de llevar por el mundo la palabra de Dios.
En esta hoja parroquial hemos puesto dos semanas, el motivo es que el 11 de abril seré operado de varices, y no se cuantos días estaré ingresado, ni cuanto días estaré fuera de combate, y por ello, dejo preparado esta hoja. Les pido que recen por mi, y ayuden a los sacerdotes y a los diáconos, en las distintas tareas pastorales.
No podré acompañar a Flavio en su ordenación de diácono, pero desde el hospital o desde el reposo, oraré por él y allí estaré de otra manera.
El ser llamado al orden del diaconado siempre es un don, un regalo del Señor, que se fía de hombres imperfectos con muchas debilidades y defectos para ser imagen suya en medio del mundo. A lo largo de toda mi vida esa certeza me ha hecho caminar dando un sí generoso al Señor a su llamada, porque el Autor único de todo lo que realizamos y el principal protagonista de nuestras acciones es Cristo.

Vuestro Párroco
Pedro José Pérez Rodríguez


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